
El mito de «compartir»: Por qué obligar a tu hijo no funciona y qué hacer en su lugar
Imaginemos esta escena: estás en el parque o en una reunión familiar, tu hijo toma un juguete y, de repente, otro niño lo quiere. La tensión sube, hay gritos de "¡es mío!" y, como adultos, sentimos la presión social de intervenir rápidamente. La respuesta automática suele ser: "Tienes que compartir" o "Ya es el turno de tu amigo".
Pero, ¿y si te dijera que obligar a los niños a compartir realmente interfiere con su capacidad natural de ser generosos?





